EL ALTAR DEL MATRIMONIO

Donde el Pacto, la Presencia y el Propósito se Encuentran

Malaquías 2:14

“Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera y la mujer de tu pacto.”


INTRODUCCIÓN

El matrimonio nunca fue diseñado por Dios para ser simplemente un contrato legal, un acuerdo social o una asociación romántica. Desde el principio, el matrimonio fue establecido como un pacto sagrado y un altar viviente sobre la tierra. Antes de que existiera un gobierno para reconocer el matrimonio, antes de que existiera una cultura para celebrarlo, Dios mismo lo instituyó en el Jardín del Edén.

Un altar es un lugar donde el cielo y la tierra se encuentran. Es un lugar de sacrificio, adoración, pacto, transformación y encuentro divino. A lo largo de las Escrituras, cada vez que Dios deseó establecer algo significativo en la tierra, un altar estuvo involucrado. Noé edificó un altar. Abraham edificó altares. Isaac edificó altares. Jacob edificó altares. Elías restauró un altar. El altar siempre estuvo conectado con los propósitos de Dios.

De la misma manera, el matrimonio no es simplemente una relación; es un altar. Es un lugar sagrado donde dos vidas son unidas delante de Dios para cumplir Sus propósitos en la tierra.

Muchos matrimonios luchan porque son tratados como relaciones en lugar de altares. Las relaciones buscan conveniencia; los altares exigen compromiso. Las relaciones pueden basarse en sentimientos; los altares están fundamentados en el pacto. Las relaciones pueden sobrevivir por atracción; los altares sobreviven por sacrificio.

La fortaleza de un matrimonio está directamente conectada con la condición de su altar.


  1. EL FUNDAMENTO DEL ALTAR DEL MATRIMONIO ES EL PACTO

Génesis 2:24

“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.”

El matrimonio comienza con un pacto.

Un pacto es más fuerte que un contrato. Un contrato protege intereses; un pacto entrega vidas. Los contratos duran mientras las condiciones sean favorables; los pactos permanecen en todas las estaciones de la vida.

Cuando un esposo y una esposa se presentan delante de Dios, no solamente están haciéndose promesas mutuamente. Están entrando en un pacto que es testificado por el mismo Cielo.

El altar del matrimonio no se sostiene por emociones, sino por compromiso de pacto.

El amor puede fluctuar en su expresión, pero el pacto permanece firme.

Las temporadas pueden cambiar, las circunstancias pueden moverse y los desafíos pueden surgir, pero el pacto sigue siendo el ancla del altar matrimonial.


  1. EL FUEGO DEL ALTAR NUNCA DEBE APAGARSE

Levítico 6:13

“El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará.”

Todo altar requiere fuego.

En el matrimonio, este fuego representa:

  • Pasión por Dios
  • Amor mutuo
  • Oración en pareja
  • Intimidad espiritual
  • Honor mutuo
  • Visión compartida

Un matrimonio no se fortalece por accidente.

Así como los sacerdotes debían cuidar continuamente el fuego del altar, los esposos también deben cuidar continuamente el fuego de su relación.

El fuego se mantiene mediante:

  • Comunicación
  • Perdón
  • Oración
  • Tiempo de calidad juntos
  • Servicio mutuo
  • Adoración

Cuando el fuego es descuidado, la distancia comienza a crecer.

El enemigo rara vez destruye un matrimonio de manera repentina. Generalmente ataca el fuego poco a poco hasta que el altar se enfría.

Una pareja sabia añade continuamente leña al fuego.


  1. EL ALTAR DEL MATRIMONIO REQUIERE SACRIFICIO

Romanos 12:1

“Presentad vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.”

Todo altar contiene sacrificio.

El matrimonio enseña a una persona a morir al egoísmo.

El esposo sacrifica su orgullo.

La esposa sacrifica su orgullo.

Ambos sacrifican la independencia.

Ambos sacrifican el deseo de tener siempre la razón.

Ambos aprenden a servir en lugar de exigir ser servidos.

Cristo demostró perfectamente este principio.

Efesios 5:25

“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella.”

Los mejores matrimonios no son construidos por dos personas exigiendo sus derechos.

Son construidos por dos personas que continuamente se colocan sobre el altar por amor el uno al otro.


  1. EL ALTAR DEL MATRIMONIO ES UN LUGAR DE LA PRESENCIA DE DIOS

Mateo 18:20

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

Uno de los mayores propósitos del matrimonio es albergar la presencia de Dios.

Un esposo y una esposa no solamente están construyendo una casa.

Están edificando una morada para la presencia de Dios.

El fundamento más fuerte en un matrimonio no es la compatibilidad.

Es la presencia de Dios.

El dinero no puede reemplazar Su presencia.

El éxito no puede reemplazar Su presencia.

La belleza no puede reemplazar Su presencia.

La educación no puede reemplazar Su presencia.

Solamente la presencia de Dios puede sostener un matrimonio en cada etapa de la vida.

Una pareja que ora junta se convierte en una pareja poderosa.

Una pareja que adora junta se convierte en una pareja fuerte.

Una pareja que busca a Dios junta desarrolla una unidad espiritual que no puede producirse de manera natural.


  1. EL ALTAR DEL MATRIMONIO PRODUCE GENERACIONES

Malaquías 2:15

”¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios.”

El matrimonio es más grande que dos personas.

Dios ve generaciones.

Todo matrimonio saludable se convierte en una plataforma desde la cual las bendiciones fluyen hacia las futuras generaciones.

Los hijos aprenden:

  • Amor a través del matrimonio
  • Honor a través del matrimonio
  • Perdón a través del matrimonio
  • Fe a través del matrimonio
  • Adoración a través del matrimonio

Un matrimonio piadoso se convierte en un mensaje profético para la próxima generación.

Mucho antes de escuchar un sermón, los hijos observan un matrimonio.

El altar matrimonial se convierte en la primera escuela de discipulado.


  1. EL ENEMIGO ATACA LO QUE DIOS VALORA

Juan 10:10

“El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir.”

Satanás odia el pacto.

Él ataca:

  • La comunicación
  • La pureza
  • La unidad
  • La confianza
  • La intimidad
  • La visión

Él entiende que si puede dañar el altar matrimonial, puede afectar generaciones enteras.

Por eso las parejas deben guardar diligentemente su altar.

Protejan sus conversaciones.

Protejan su intimidad.

Protejan su tiempo juntos.

Protejan su vida espiritual.

Protejan su pacto.

Lo que se protege crece.

Lo que se descuida se deteriora.


CONCLUSIÓN

El altar del matrimonio no se construye en el día de la boda.

Se construye diariamente.

Cada oración juntos coloca una piedra más sobre el altar.

Cada acto de perdón fortalece el altar.

Cada sacrificio añade profundidad al altar.

Cada momento de adoración invita fuego fresco sobre el altar.

El matrimonio no se trata simplemente de permanecer juntos.

Se trata de convertirse en un altar viviente donde la presencia de Dios habita, Sus propósitos son cumplidos y Su gloria es revelada a través de dos personas que han llegado a ser una sola en pacto.


DECLARACIÓN PROFÉTICA

“Padre, dedicamos nuestro matrimonio como un altar para Ti. Que Tu fuego arda continuamente sobre nuestro pacto. Enséñanos a amar, servir, honrar, perdonar y caminar juntos conforme a Tu voluntad. Que nuestro hogar se convierta en una morada para Tu presencia, un refugio para nuestros hijos, un testimonio para nuestra generación y una luz para las naciones. Que nuestro matrimonio refleje a Cristo y a Su Iglesia. Que todo ataque contra nuestro pacto fracase y que Tus propósitos se cumplan a través de nuestra unión. En el poderoso nombre de Jesús. Amén.”

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